No hay necesidad de que me des un beso, el olor de tus ojos en mi mirada
es como el de las buganvilias de mañana
y el roce de tus latidos en mí oído
son como el llanto de un tren de madrugada
que me lleva a la soledad de mi infancia
y a las añoranzas del día que pensé
conocerte
están las tardes igual que cuando te fuiste
y el sol, me pega tanto de caída
más que ni de subida
y me quema
no era necesaria la explicación
sino el gozarte con tu brazo sobre mi hombro
y tus palabras en mi cabeza
y sentarte a mi lado
y escucharte
pero te fuiste
con dirección del tren que descontinuarían esa tarde
y se quedo
junto al sol de caída,
jamás subirá
espero, esperarte un poco más de lo que la espera misma soporte aguardar
y te tomare de la mano
y escuchare tus brazos hablar
y veré a tus dedos secar tus ojos
y beberé de tus manos el color de la tarde que te fuiste
para ahogarme otra vez en ti
y tenerte, más de lo que se puede tener en 24 horas
para crecer al lado de tu árbol
y tú fruto
el fruto del fruto
crecer juntos,
es más gratificante cuando muere el fruto
y la tardanza de la semilla en llegar de nuevo al suelo
ahí, subiremos juntos
para dar de beber
a los amores perdidos, lejos, distantes de pasión
al subir el sol
y cuando baja
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